CAPITULO 1.
El espejo reflejaba una tez pálida, acentuada por unos cabellos oscuros, negros. El rostro era extremadamente delgado y los ojos excesivamente grandes.
Se miraba a través de sus pupilas dilatadas. Se podía llegar a adivinar un pequeño perímetro marrón alrededor de ellas, muy pequeño, apenas apreciable.
Observaba su rostro con atención, palpándolo con sus manos. Sus movimientos recordaban al artista moldeando el barro, solo que este barro no se moldeaba.
Recordaba haber sido hermosa algún día, antes de la demacración, antes de echar su vida por la borda.
Se dejo caer sobre la taza del retrete. Quería llorar, arañarse la cara, arrancarse los cabellos, suicidarse de una vez por todas y por fin desaparecer. No tenía valor para nada de eso.
Un rayo de sol asomo por la ventana circular del baño atravesando los mugrientos cristales. La deslumbro en los ojos. Hizo sombra con su mano izquierda y miro el reloj que llevaba en la otra. Las ocho de la mañana.
Se quedo mirando el pequeño objeto. Era un reloj de pulsera muy simple, ella estimaba que no debía de haber costado más de veinte euros en cualquier tienda de bisutería y accesorios, correa blanca y estructura rectangular, seguramente de acero inoxidable, pero no lo llevaba por su valor económico. Se lo había regalo Javier, cuando corrían tiempos mejores para ella.
Javier..... Javier era un gran amigo, al menos aun para ella. Desgraciadamente no se podía decir con seguridad que el pensara lo mismo. Algo más que guardar en el cajón de las cosas que olvidar, de las cosas ya perdidas.
Se quedo un rato mas mirando el reloj, hipnotizada. Los segundos parecían pasar como horas dentro de aquel rectángulo.
Se tapo la cara con las manos y se dejo caer sobre sus rodillas, cerradas sobre la taza.
Lucas tardaba mucho, ¿donde coño se había metido?
Necesitaba una raya de coca ya. Estaba pensando demasiado.
Escrito por: Zafiro.Fantasía
06 octubre 2009
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